EL CUENTITO
Por Sandra Russo - PG12 de hoy
Barack Obama fue caricaturizado agresivamente por The New Yorker y tanto demócratas como republicanos pusieron el grito en el cielo. The New Yorker se sintió en la obligación de aclarar el espíritu de la caricatura, a modo de disculpa. El turbante musulmán de Obama y el fusil que cargaba su esposa revolvieron el estómago norteamericano. Ese estómago será imperial pero, en materia de política interna, funciona con reglas claras. A las bananas las dejan crecer prolijamente fuera de su territorio. A nadie se le pasó por la cabeza que la crítica a una caricatura semejante sobre un candidato presidencial rozara la libertad de prensa. Hubiese sido ridículo. Tan ridículo como fue que aquí sí se hablara, en estos meses, de atentados a la libertad de prensa. Desde que comenzó este conflicto, los grandes medios no sólo han caricaturizado agresivamente a la Presidenta –y no me refiero sólo a aquella casi anecdótica caricatura de Sábat sino también a clips presuntamente chistosos que siguieron entreteniendo a la audiencia–, limando la institucionalidad del lugar que ocupa legítimamente. Confunden la libertad de prensa con el derecho al agravio. Los grandes medios han funcionado prácticamente como órganos de prensa y difusión de los sectores del campo afectados por las retenciones móviles. En ese sentido, esos medios han violado sistemáticamente el derecho a la información de los ciudadanos. Lamentablemente, y por su parte, la televisión pública se comportó como la televisión pública de cualquier otro país, menos de éste. Fue revulsivo ver esa pantalla el último sábado, cuando en un homenaje a Favaloro se exhibió en primer plano, atendiendo teléfonos, a Noemí Alan, cuya foto más recordada fue tomada en la ESMA, brindando con el Tigre Acosta.
Así las cosas, una capa de mugre se interpuso entre la opinión pública y los hechos. No por casualidad, en este mismo momento y en las pausas del debate en el Senado, TN pone en sus volantas “El campo” y, por el otro lado, “Militantes K”. Esa línea se estira y da por cierto que “la gente” va por su cuenta a Palermo y obligada al Congreso, y que quienes respaldan al Gobierno son sólo “militantes K”: serlo, en el universo de esos medios, equivale a tener medio cerebro funcionando. El tejido semántico elaborado desde el discurso hegemónico rural ata al militante peronista con lo bajo de la política y también con lo más bajo de todo lo demás. Da repugnancia escuchar a Llambías golpearse el pecho y decir: “Yo, pueblo”. Pocas veces como ahora hubo que cuidarse de las noticias como si fueran trampas cazabobos y nunca como ahora eso que se autodenomina “prensa independiente” fue tan dependiente de los intereses de esos medios.
Esto que empezó por las retenciones móviles ya no las tiene por eje. Hay hilachas lamentables, como la escena de la CCC o del MST poniéndole el toque pobre a la masiva reacción de la derecha. Y digo lamentables, sobre todo, porque uno las lamenta. La fractura del campo popular, en parte, explica por qué tenemos la historia que tenemos y por qué nunca hemos logrado que esta democracia, al viejo decir radical, sirva para comer, para curar y para educar a los más débiles. Cuando Alfonsín dijo aquello, los pechos se abrían porque quedaba atrás la larga noche de la dictadura, y todo era promesa. Pero no funcionó. Ni Alfonsín, ni Menem, ni De la Rúa, ni Duhalde se pusieron al frente de un giro democrático con contenidos populares. Lo hemos escuchado y dicho miles de veces: democracia formal no equivale a democracia real.
Hay quienes legítimamente creen que con Kirchner comenzó una etapa de depuración del peronismo y también hay quienes creen que, a pesar de innumerables errores (tal vez sean numerables, pero gruesos), los grandes trazos de los últimos años son los mejores que hemos vivido desde que terminó la dictadura. Esa gente, que es mucha y que no es necesariamente “militante K”, entrevió desde el origen de esta crisis que el paquete del reclamo agroexportador venía con premio de derecha. Pero no de derecha democrática, porque ésa es todavía una materia pendiente en la política argentina. Aunque esté posiblemente en construcción por la fuerza de los hechos, los argentinos ignoramos cómo se autolimitará la derecha cuando no están los tanques a los que recurrieron siempre, para imponer, por la vía neoliberal o la neoconservadora, sus deseos. Si algo ha caracterizado siempre a la derecha, ahora engordada como un pollo de criadero con las hormonas de algunos ex progresistas, es que no respeta límites de convivencia. Sus exabruptos nos han deparado las mayores tragedias argentinas, aunque ellos se hayan ocupado de que los adjetivos “soberbio” y “autoritario” recaigan en un gobierno que se abstuvo obstinadamente de reprimir. Estamos todos grandes y bastante golpeados como para creernos el cuentito que narran a coro tantas voces desafinadas y de triste color.
Buscando una mejor educación para todos y todas, una propuesta del FPP – Diálogo por Buenos Aires
El proyecto de ley presenta el Régimen de Docentes por Cargo, una demanda histórica de los docentes y directivos, ya que permitiría construir otro paradigma en el trabajo docente, por lo tanto otro paradigma de educación que solo traería beneficios para los alumnos de la escuela media en la Ciudad. Su eje central se apoya en una forma de relación profesional por parte de los docentes con las escuelas no a través de algunas horas cátedra (su única relación con la escuela y los alumnos se reduce al momento que dicta la materia), sino por cargos (el docente trabaja una jornada en la escuela). Como bien explicó la misma Profesora Naddeo, esto permitiría que la relación del docente con la escuela sea plena, que pueda trabajar de manera integral con los alumnos, sus motivaciones y problemáticas, que sea un punto de referencia para las familias, que tenga un valiosos vínculo de pertenencia con su escuela y su proyecto educativo, además de una mejor situación laboral.
A su vez, esto sería un claro avance en la situación laboral de los docentes en la Ciudad, reivindicando derechos defendidos por los mismos docentes, los gremios y los directivos. Los docentes no se verían obligados a rotar de escuelas para poder obtener un salario digno, no estarían obligados a ser lo que comúnmente se denomina “profesor taxi”, todo el día de un lado a otro, sin merecidos descansos, sin tiempo para atender a las familias de los alumnos, sin un vínculo razonable con la escuela. El proyecto de ley se basa en los logros educativos de proyectos anteriores reconocidos por la comunidad educativa toda, como es el caso del proyecto 13 y las Escuelas de Reingreso (conocidas por su importante mecanismo de difusión y concientización como las Escuelas de Deserción Cero a partir de la Ley de Obligatoriedad del Nivel Medio en la Ciudad).
En la actividad estuvieron presentes gran cantidad de docentes, representantes de la gran mayoría de los gremios de la Ciudad y la Escuela Media, directivos de escuelas, supervisores y otros especialistas en educación. Al momento de inaugurar la actividad el Legislador Anibal Ibarra, principal responsable político de este proyecto, explicó el espíritu de la ley, sus ventajas y sobre todo la dinámica propuesta para llevar adelante el debate de esta importante ley. El Dr. Ibarra se ocupó de recalcar el carácter plural y representativo que se le quiere dar a esta ley, buscando que todos los sectores afectados sean partícipes de la sanción de esta ley y sus contenidos, tanto los docentes como directivos, gremios, diferentes grupos políticos legislativos, especialistas en educación, el mismo ejecutivo, etcétera. Demostrando un interesante espíritu democrático que principalmente busca una mejor educación secundaria y no, a través de anuncios mediáticos vacios de contenido, réditos políticos o electoralistas.
Botones de muestra
La presentación de esta ley en la actividad del día viernes nos permite resaltar y contraponer diferentes botones de muestra al momento de comparar la gestión (o ausencia de ella) del actual ejecutivo en la cartera de Educación y el Proyecto de Ley de Docentes por Cargo.
1er Botón:
Macri y su Ministro se enorgullecen y exigen la expulsión de un chico con claros problemas de conducta (caso conocido mediáticamente como “el ataca de Kevin”) como única solución posible: eliminar y no solucionar los problemas. El FPP – Diálogos por Bs As propone una Ley que le da más tiempo y herramientas al docente para trabajar con los alumnos y construir soluciones con la Escuela, las familias, los alumnos.
2do Botón:
El Legislativo, incluyendo los legisladores macristas tienen que evitar que se le saque el dinero que necesitan las Cooperadores para funcionar. Medida tomada unilateralmente por Macri y su Ministro de Educación demostrando su falta de capacidad de gestión en la temática. El FPP – Diálogos por Bs As propone una Ley que busca allanar el trabajo a las Escuelas y no medidas que solo buscan perjudicar a la escuela pública.
3er Botón:
El Ministro de Educación macrista anuncia, mediáticamente y sin un análisis compartido de fondo, un nuevo régimen de vacaciones en la ciudad para el 2009, que tiene como principal objetivo sincronizar el calendario de vacaciones de la escuela pública con las escuelas de elite, conocidas como Bachilleratos Internacionales (quienes utilizan la semana extra de septiembre para poder ir a esquiar). La medida se hace sin participación de docentes, familias, alumnos, especialistas, y mucho menos demás sectores de la sociedad afectados por esta mediática medida. El FPP – Diálogos por Bs As presentan un proyecto de ley de manera tal que todos los involucrados en educación y todos los sectores políticos (que tengan como un objetivo de su fuerza la construcción democrática) participen y aporten, para lograr una Ley valiosa y útil para los docentes y alumnos, para toda la educación y con el apoyo de toda la sociedad.
Simples botones de muestra que distinguen a los que apuestan por la democracia y proponen mejoras para todos y todas (en esta caso en Educación) y aquellos que no tienen capacidad de gestión, que solo se manejan a partir del impacto de sus medidas en los medios, que demuestran paso a paso que no saben muy bien qué están haciendo (en Educación o en cualquier otra cartera).









